¡Vivan los condones!

lunes, diciembre 05, 2005

Reflexión sobre las campañas



Límites de una campaña pública, “Un caso para tomar nota”





Carmen Domínguez H., Profesora de Derecho Civil de la Facultad de Derecho UC de Chile analiza las campañas sobre el sida impuestas en Chile





Posteado por El Mercurio a las Octubre 30, 2005 06:45 AM




La campaña pública de prevención del sida que hoy nos invade en Chile amerita varias reflexiones. Una primera, que resumiría en la mirada de gran desconcierto que invade a alguien como yo, que asistí hace más de 11 años a la Conferencia Mundial de Sida en Japón. Su exclusivo acento en el preservativo revela de un modo brutal lo poco y nada que se ha avanzado en la prevención de esa pandemia. Ya en ese entonces, cuando fue ese encuentro mundial, se promovía casi exclusivamente al condón como método de prevención en Europa y, como es sabido, el contagio de sida no ha retrocedido allí a los niveles esperados. Sorprende entonces que esta realidad no genere en nuestras autoridades propuestas más originales, en especial cuando existe contundente experiencia extranjera de la cual tomar nota.




A lo anterior se agrega la dramática lección que puedo transmitir después de haber tenido la experiencia directa de haber asistido a una joven mujer que se había quedado embarazada y contagiado de VIH. Ella, pese a haber tomado la precaución de haber utilizado preservativo durante sus relaciones, me enseñó de manera elocuente la seriedad del tema más allá de toda argumentación teórica. Esta mujer que había confiado plenamente en la campaña del “póntelo-pónselo” —como se le denominó en España y que es prácticamente idéntica a la que motiva estas líneas— reclamaba, con impotencia, cómo el gobierno no había advertido que el condón no eliminaba el riesgo del contagio. No olvidaré nunca su queja y su dolor, pues pocas veces he experimentado esa sensación de no tener nada más que ofrecer que mi consuelo. Aprendí, mediante un método que habría preferido no conocer, los contornos de una campaña enfocada exclusivamente en el preservativo y también tomé lección acerca de lo que nunca debe esconderse en ella.




Por último, la campaña y el tono del debate que ella ha generado fuerza a preguntarse si acciones como éstas nos conducen a algún destino sensato. Los debates en temas públicos no pueden constituirse en meros torneos de inteligencia o destreza retórica, ni tampoco en lugares para la descalificación del oponente a como dé lugar. Por el contrario, ellos deben estar guiados por la búsqueda de la verdad —de esa que todos queremos descubrir— porque nos hace mejores personas. Así, en vez de descartar de entrada la argumentación contraria porque viene de determinado bando o sector, por prejuicios o porque nos parece ubicado en las antípodas de nuestra visión de vida, ¿no debiéramos preguntarnos más bien cuál es la dosis de cordura que ella contiene? ¿No sería más enriquecedor preguntarnos si la promoción de un método de prevención de una enfermedad sexual por grave que sea puede hacerse de modo independiente del contexto que le rodea: persona, sexualidad, afectividad, familia? ¿Puede una campaña dirigida, en parte importante a los adolescentes, centrarse exclusivamente en los aspectos lúdicos de la actividad sexual, banalizándola, sin hacer referencia alguna a la posible relevancia que ella tendrá en sus vidas afectivas futuras, en la construcción de vínculos afectivos estables y comprometidos?




En síntesis, sería deseable que dejáramos de buscar intenciones ocultas, como se ha sugerido en algunas columnas, en las opiniones discrepantes y asumiéramos la discusión del tema de la afectividad y sus consecuencias con la seriedad que ameritan, con la visión de quien no quiere para los demás lo que no desea para sí.




Acoger esa mirada más amplia del problema significa asumir que no somos simples ecos de nuestros instintos, que somos seres dotados de razón y que, como tales, queremos que antes de tomar decisiones trascendentes, al menos se nos hayan planteado sus posibles consecuencias negativas o positivas. Y, más aún, cuando ello se ha hecho, como en esta campaña, con fondos públicos sacados de nuestros impuestos. La rectificación de la campaña oficial en torno a los límites del preservativo se impone entonces por respeto mínimo a esa dignidad y a la verdad que todos buscamos.

Los dogmas progresistas



Gobiernos que se niegan a entender




Quizá no se dan cuenta los políticos cómo hunden en la pobreza moral a los pueblos.




Hace ya 5 años que tres investigadores del University College llegaron a la conclusión de que la distribución masiva de preservativos y otros medios anticonceptivos podría aumentar los peligros de contraer enfermedades sexuales, entre ellas el SIDA, porque fomentan un comportamiento sexual arriesgado. El trabajo de los científicos fue publicado en la revista médica británica "The Lancet", y en él se señala que aun cuando por un lado el uso del preservativo tiene un beneficio relativo a la reducción del riesgo, sería muy difícil probar que su promoción haya tenido un efecto sobre la epidemia del SIDA, sin embargo muchos países insisten en continuar con políticas gubernamentales centradas en el uso de preservativos ignorando la evidencia empírica mundial.



Más desconcertante aun es el caso de Chile. Hace casi 15 años el Ministerio de Salud de la época inicio una campaña centrada en los 3 métodos conocidos para evitar el Sida o reducir su riesgo (Abstinencia, pareja única y preservativo) sin poner énfasis en ninguna de ellas y tampoco explicando cual es el riesgo de cada una. Con el correr del tiempo las campañas fueron cada mas tibias para los métodos de abstinencia y de pareja única y más agresivas para el preservativo. Finalmente ahora en el año 2005 el gobierno (de la misma coalición gobernante durante 16 años) se asume abiertamente partidario del condón ya sin asumir los otros métodos y desplegando una campaña publicitaria nunca vista para la prevención del SIDA, la que incluye a conocidos artistas nacionales y al gabinete completo de gobierno que se reunió únicamente para fotografiarse promoviendo la campaña.

martes, agosto 16, 2005

Lo que funciona y lo que no en la prevención del SIDA


Más de mil delegados asistieron en junio en Durban a la segunda conferencia sudafricana sobre el sida. El sida se ha convertido en la principal causa de muerte en Sudáfrica, sin embargo en Uganda sucede distinto.




ACEPRENSA




Sudáfrica es un país donde la estrategia de lucha contra esta enfermedad se centra en los preservativos y no invita a la continencia fuera del matrimonio ni a la fidelidad conyugal.




En Uganda –país cuyo primer caso de sida se descubrió en 1982–, entre 1993 y 1998, bajó a la mitad la tasa de infección con el virus en mujeres embarazadas (dato que se usa como indicativo): en concreto bajó del 31% al 14% en la capital y del 21% al 8% fuera de ella. Aquí también se repartieron condones, pero se insistió sobre todo a los jóvenes, para que fueran responsables en su conducta sexual.




En Sudáfrica fueron unos 300.000 los muertos por sida en 2004, y están infectadas el 21,5% de las personas entre 15 y 49 años: 5,3 millones, de las que más de la mitad (2,9 millones) son mujeres y 200.000 son niños. Es la cifra de enfermos de sida más elevada dentro de un solo país en el mundo entero.




El 70% de los enfermos de sida está en el África subsahariana, y la mitad de éstos es menor de 25 años. La esperanza de vida no pasa de 39 años, mientras que sin el sida sería de 70.





Evidentes contradicciones




La principal resolución de esta conferencia fue impulsar el programa de la OMS "tres por cinco": dar medicinas contra el sida a tres millones de enfermos dentro del año 2005. En 2003, se había subrayado la necesidad de conseguir medicamentos antirretrovirales a precios reducidos. El gobierno sudafricano se comprometió a dar este tratamiento, antes de marzo de 2005, a 53.000 personas: se llegó a algo menos, 43.000, pero es que además la ministra de Educación es una fervorosa defensora de métodos de curación naturales. En cambio, para la prevención se evita referirse al control "natural" de ciertas pautas de conducta.




Por su parte, Kofi Annan adviritió, también en junio, en un informe escrito a la Asamblea General de la ONU, de que en 2004 el sida progresó más que nunca: 4,9 millones de nuevas infecciones y 3,1 millones de muertes. Algo hay que pensar, dice el secretario general de la ONU. Una idea es la del libro "Rethinking AIDS Prevention", publicado en 2003 por Edward C. Green. Antropólogo de la Universidad de Harvard, Green se presenta como progresista, pero considera innegable que fueron los grupos cristianos promotores de la abstinencia y la fidelidad, quienes lograron que la tasa de infección bajara en Uganda del 18% de 1992 al actual 7%.





Lo que si funciona




Abstiencia y Fidelidad son, respectivamente, la A y la B de la llamada estrategia ABC, que combina las citadas "tácticas" con los condones (cfr. Aceprensa 154/04). Green asegura que "la A y la B refuerzan el instinto de supervivencia, el sentido común y las enseñanzas y valores indígenas", mientras que las organizaciones occidentales se empeñan en imponer la estrategia de los condones. "Es mejor construir sobre algo que existe y tiene sentido, que esperar que la gente adopte una tecnología extraña que nadie en el mundo ha adoptado de modo sistemático".